La carga mental invisible se podría equilibrar con solo sacar tiempo para poner en práctica el diálogo, dividir y priorizar el valor de las actividades que realizamos todos los días.
Llegar a tiempo a las citas… ¿Algo falta en la alacena? ¿Qué comemos mañana? Hay que meter la ropa, ¿Ya pagamos el agua?… ¿Quién lleva la carga mental en la casa?
La carga mental invisible tiene que ver con aquellas responsabilidades y actividades mentales que alguien tiene presente siempre para mantener una familia, un hogar o incluso un trabajo funcionando. Esta no es reconocida normalmente, ya que no se percibe a simple vista. Este esfuerzo de planificación y gestión recae en una sola persona y por lo general, es en las mujeres.
El psicólogo, Sender Herrera Sibaja analizó este tema en el programa Saber Vivir. El especialista explicó que en nuestra sociedad mayoritariamente son las mujeres las que realizan esta función.
“Se sigue considerando que la mujer es la encargada de todo lo que tiene que ver con las funciones de crianza. Hay telenovelas, fábulas, películas, anuncios, expresiones en redes sociales que refuerzan esta idea y hacen entender a niñas y a niños que desde edades tempranas a las niñas les corresponde lo asociado con cuidado y crianza y a los hombres les toca lo asociado con fuerza, trabajo y productividad”, señala Herrera.
Un primer paso para disminuir o equilibrar esa carga mental es hacerse consciente de esos aspectos y trabajar para que se lleve de forma igualitaria las actividades del hogar.
LLEVAR LA CARGA EN CONJUNTO
La carga mental es un peso extra para la persona que la lleva. No solo tiene que cubrir las necesidades del hogar sino que también, tenerlas presente, anticiparse. Quienes tienen esa sobrecarga cognitiva pueden verse igual que cualquier otra persona, pero con el paso del tiempo ese peso invisible tiene consecuencias negativas que afectan la salud física y mental.
Entre las principales consecuencias está la disminución de la eficiencia, problemas para dormir, fatiga mental, ansiedad, depresión e incluso dificultad en las relaciones interpersonales.
Por eso, es importante trabajar para que esa carga invisible se lleve de manera igualitaria en los hogares. Herrera recomienda sacar ratos de conversación que llama “Círculos de conversaciones difíciles”. El objetivo de estos espacios es primero, hacer la organización familiar (quién hace qué) y luego, conversar claramente de lo que funciona y lo que puede mejorar.
Según Herrera estos espacios se pueden hacer una vez a la semana por un máximo de una hora. En estos, todas las personas participan por turnos y escuchan las ideas de los demás utilizando los cuatro componentes de la comunicación no violenta: decir las cosas desde la observación (he notado que…), conectando con el sentimiento (eso me hace sentir de esta manera), diciendo por qué para mí es importante y por último dejando la petición (para resolver la situación).
“Esos círculos familiares de conversaciones difíciles se hacen de esta manera y tienen que ser semanales, porque todas las semanas hay desafíos”, Sender Herrera, psicólogo.
Herrera resalta que también hay que categorizar las funciones del hogar entre lo esencial, lo importante y lo accesorio. “Lo esencial es algo no negociable, las cosas son así, hay que hacerlas así porque así es como corresponde por seguridad, cuidado, salud, protección […] lo importante tiene que ver con hábitos: que los niños se acuesten a la misma hora, que se respeten las rutinas de estudio, […] y lo accesorio tiene que ver con cómo a mí me gustan que sean las cosas, pero no es esencial, que si no pasa como a mí me gusta, no pasa nada”, señala.
Al categorizar, podemos definir a qué le damos prioridad, quiénes serían los responsables y en qué momentos negociar para abrir las ventanas de la tolerancia. “Por ejemplo, hay personas que les gusta después de que comen inmediatamente lavar los platos.Y otras personas que después de que comen les gusta reposar la comida, sentarse a conversar, etc. Cada familia define si para su caso el momento en que se haga es accesorio o esencial, por eso hay que sentarse a conversar”.
Independientemente de la familia de que se trate, quienes sean los integrantes, edades, personalidades, es importante conversar para equilibrar esa carga que recae sobre una o pocas personas. “Yo lo he visto con familias con muchos desafíos, con muchas dificultades y sí se logra, pero es como empezar a hacerlo, empezar a intentarlo”, remarca Herrera.




