Tengo hipertensión arterial, ¿Qué hago ahora?

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Ian Aguilar Solano
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Escuchar “tiene hipertensión” suele venir acompañado de preocupación y muchas preguntas. Sin embargo, este diagnóstico no significa que todo esté perdido. 

Más allá del impacto inicial, un diagnóstico de hipertensión arterial abre interrogantes concretas: ¿Qué significa?, ¿Qué puedo comer?, ¿Voy a depender de medicamentos para siempre? Lejos de ser una sentencia definitiva, la hipertensión puede manejarse con información clara, acompañamiento profesional y especialmente en cambios posibles en la alimentación y el estilo de vida.

En Consúltenos sobre Nutrición, la conductora Nadia Alvarado conversó junto con la nutricionista Karina Wiessel sobre qué hacer después del diagnóstico y cómo la nutrición puede convertirse en una aliada clave para recuperar el control y la tranquilidad.

¿LA HIPERTENSIÓN ES SOLO COSA DE LA EDAD?

Existe la creencia de que la hipertensión arterial es una consecuencia inevitable del envejecimiento. Si bien la edad puede influir, no es la causa principal. La alimentación y el estilo de vida son factores determinantes tanto en su aparición como en el control de la enfermedad.

Ser hipertenso significa que la sangre ejerce una presión mayor de la normal sobre las paredes de las arterias. Esta presión se produce cuando el corazón se contrae (presión sistólica) y cuando se relaja entre latidos (presión diastólica). Cuando una o ambas se mantienen elevadas de forma constante, se habla de hipertensión arterial.

El problema no es solo el número que marca el tensiómetro. Cuando esta presión se sostiene en el tiempo, las arterias pierden flexibilidad y obligan al corazón a bombear con mayor esfuerzo. Como respuesta, el músculo cardíaco puede aumentar de tamaño y, a largo plazo, esto puede afectar su funcionamiento y elevar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Entre los factores que favorecen este aumento de presión se encuentran aquellos relacionados con la alimentación, como el exceso de sodio, especialmente el sodio oculto en alimentos procesados, el colesterol elevado durante períodos prolongados y la resistencia a la insulina. Esto demuestra que la hipertensión no responde a una sola causa, sino a la combinación de varios factores que pueden abordarse de manera integral.

Ante un diagnóstico de hipertensión, no es necesario entrar en pánico. Comprender qué ocurre en el cuerpo y saber que existe evidencia sólida de que la alimentación y el estilo de vida pueden ayudar a controlarla permite asumir el proceso con mayor calma.

Esto es algo que tiene posibilidad de tratarse, incluso se puede revertir, o sea, no es como que ya estoy destinada y este número me marcó”, Karina Wiessel, nutricionista.

UN MITO FRECUENTE: “PARA COMER SANO SE DEBE GASTAR MUCHO”

Esta es una de las ideas más comunes cuando a una persona se le indica que debe cambiar su alimentación. Sin embargo, este enfoque suele partir de la desinformación. Una alimentación orientada a la salud cardiovascular no requiere productos especiales ni costosos, sino decisiones cotidianas más conscientes.

En el caso de la hipertensión, la nutrición se apoya en alimentos accesibles y presentes en la dieta habitual. Frutas y vegetales frescos, leguminosas como frijoles, lentejas y garbanzos, tubérculos como la papa con cáscara, plátanos, semillas, lácteos bajos en grasa y cereales básicos aportan nutrientes como potasio, calcio, magnesio y fibra, que son fundamentales para ayudar a regular la presión arterial.

También importa la forma de preparar los alimentos. Reducir el sodio no significa comer insípido. Adobar las carnes con hierbas y especias como ajo, cebolla, culantro, tomillo, orégano o comino, dejar marinar con anticipación y evitar cocciones excesivamente quemadas permite mejorar el sabor, disminuir la sal añadida y reducir el estrés oxidativo que afecta las arterias.

Para la nutricionista Karina Wiessel, el abordaje de la hipertensión no debe centrarse únicamente en restricciones generales, sino en un proceso personalizado y acompañado por el equipo de salud. En ese sentido, es clave que las personas participen activamente.

Que sientan que el profesional de la salud está para ustedes y para trabajar en conjunto, descubriendo qué es lo que más les funciona y adaptando las recomendaciones. Ustedes son los protagonistas”, Karina Wiessel, nutricionista.

Este trabajo coordinado entre la persona, el personal médico y nutricional permite ir más allá del medicamento y comprender qué ocurre en el cuerpo, qué cambios son prioritarios y cómo adaptar la alimentación y el estilo de vida a la realidad de cada paciente, sin que el tratamiento se convierta en una carga imposible de sostener.

Encuentre más temas de este tipo los miércoles a las 10 a.m. en Consúltenos sobre Nutrición. Una coproducción con la Escuela de Nutrición de la Universidad de Costa Rica.

 

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