Entrada a clases: ¿Está mi hijo o hija emocionalmente preparado?

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Ian Aguilar Solano
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A pocos días de iniciar el curso lectivo, los padres y madres estamos corriendo por la matrícula, los útiles escolares y los uniformes de nuestros hijos e hijas. Sin embargo, más allá de esto, ¿sabemos cómo se sienten al iniciar este proceso?

El nuevo ciclo escolar puede despertar una serie de emociones en niñas y niños que van desde el entusiasmo hasta la abrumación. Cambiar la rutina después de las vacaciones, volver a socializar con compañeros y compañeras, enfrentar nuevos retos académicos, adaptarse a docentes distintos o a un nuevo centro educativo, así como la presión por el rendimiento, son algunos de los factores que inciden en cómo viven este inicio de clases.

A pesar de la ajetreada agenda que suelen tener padres y madres, es fundamental considerar el estado anímico de las personas menores de edad. Por ello, en el programa Saber Vivir, la psicóloga, Marjorie Moreno compartió diversos consejos y orientaciones para acompañarles emocionalmente durante el inicio del curso lectivo.

GENERAR ESPACIOS DE CONFIANZA Y ESCUCHA

Uno de los primeros pasos es preguntarles cómo se sienten y observar qué tan entusiasmados están con el regreso a clases. En algunos casos, niñas, niños y adolescentes pueden responder que “todo está bien”, pero esa respuesta también puede funcionar como una defensa.

Por eso, es importante buscar otros espacios de conversación, como actividades compartidas o momentos cotidianos, que faciliten la expresión emocional.Además, si desea construir un entorno de confianza, evite las frases que invalidan lo que sienten, como señalar que “estudiar es un privilegio” o minimizar sus preocupaciones.

En este proceso, el acompañamiento varía según la edad: con niñas y niños pequeños es clave anticiparles lo que viene, jugar y explicarles cómo será la jornada; con adolescentes, reforzar que siguen siendo escuchados y que no están solos resulta fundamental.

ANSIEDAD ANTICIPATORIA Y PRESIÓN POR EL RENDIMIENTO

La presión académica también puede generar ansiedad, especialmente en años considerados clave, como séptimo, décimo o los últimos años de colegio. Exigir notas perfectas sin considerar el esfuerzo, el estrés o la forma en que cada estudiante aprende puede intensificar esa ansiedad y afectar su bienestar emocional.

Algunas señales de alerta incluyen conductas repetitivas, inquietud constante, evasión de la rutina escolar o dificultades para mantener hábitos de autocuidado. En estos casos, fortalecer la comunicación y ofrecer herramientas para regular la ansiedad puede marcar una diferencia. Disfrutar lo que se aprende, y no solo “padecerlo”, es clave para un proceso educativo más saludable, ya que el aprendizaje no ocurre cuando la persona está en modo de alerta constante.

EL ROL COMPARTIDO ENTRE FAMILIA, ESCUELA Y COMUNIDAD

El acompañamiento emocional no recae únicamente en las familias. Los centros educativos y la comunidad también cumplen un papel fundamental para generar entornos seguros que favorezcan el aprendizaje. Cuando estos espacios no lo son, las personas estudiantes pueden enfrentar mayores dificultades, aunque sean resilientes.

Trabajar desde una lógica menos competitiva y más colaborativa permite aliviar presiones innecesarias y fomentar experiencias educativas más integrales. En este sentido, niñas, niños y adolescentes no son solo responsabilidad de la familia, sino también de la comunidad que les rodea.

Como señaló Marjorie Moreno, psicóloga, durante el programa Saber Vivir:

Ahí tenemos mucho trabajo que hacer como país, porque la idea es que tanto la familia como el centro educativo y la comunidad sean entornos seguros para que los chicos puedan aprender. Si no, van a tener mucha dificultad. No es que no lo puedan hacer, hay chicos muy resilientes, pero no queremos que las personas estudiantes estén sometidas a ese estrés. La idea es que cada vez trabajemos más en las condiciones estructurales”.

¿Y CUANDO SALEN DEL COLEGIO, DEJAMOS DE PREOCUPARNOS?

El proceso de acompañamiento no termina al finalizar el colegio. La etapa de transición hacia la universidad o el mundo laboral puede generar frustración, ansiedad o decepción, especialmente cuando no se concreta la carrera o el proyecto que se tenía en mente.

Contar con planes alternativos, explorar opciones técnicas o profesionales y conversar abiertamente sobre pasiones e intereses ayuda a reducir la carga emocional de tomar decisiones a edades tempranas. Brindar seguimiento y apoyo en esta etapa es tan importante como en los primeros años escolares.

Escuchar, acompañar y validar lo que sienten nuestras hijas e hijos, en cada etapa de su desarrollo, es una inversión en su bienestar emocional y en su proceso de aprendizaje.

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